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Opinión: “8 de marzo, una lucha sin descanso”

El origen de la discriminación de las mujeres se sitúa en la teoría de la contraposición naturaleza-cultura y ha persistido en todas las culturas, ya que a la mujer se la identificaba con la Naturaleza, subestimada y subordinada en favor de la Cultura, identificada y personificada por el hombre.

En esta lucha de las mujeres hay que volver la vista a la Edad Media, al discurso de la inferioridad intelectual de la mujer y a la corriente de misoginia que se extendió también a la Edad Moderna. A corrientes agresivas de confrontación, de abusivo enfrentamiento entre los sexos y de una revancha irracional e intencionada políticamente contra la supuesta supremacía masculina.

A lo largo de la historia de la humanidad hubo pocos movimientos tan atematizados, ridiculizados e incluso ignorados como el Feminismo. Quizás porque el Feminismo cuestiona las raíces más profundas de las relaciones entre hombre y mujer y apunta a una nueva forma de atender el mundo. Sin lugar a dudas el Feminismo ha sido la revolución incruenta más larga de la historia, no concluida en ciertos aspectos y sobre todo no resuelta en múltiples y diferentes zonas y culturas del mundo.

Mujeres como Olimpia de Gouges, Mary Wollstonecraf, Teresa Cabarrús, Rosa Luxemburgo, Simone de Beauvoir, Concepción Arenal, Victoria Kent, Celia Amorós, Marina Subirás, Amelia Valcárcel, entre otras muchas, constituyen los rostros visibles de tantas mujeres que han hecho posible la evolución histórica internacional del Feminismo y la consecución de conquistas trascendentales en derechos civiles, políticos y sociales de las mujeres.

En la actualidad el Feminismo crítico, inteligente y comprometido lidera nuevos retos basados en la no confrontación, para no dar excusa alguna, a los machistas irreductibles que aún quedan en la sociedad actual.

En palabras de Amelia Valcárcel, la emancipación femenina no es solo producto de una lucha por los derechos y la paridad, sino, sobre todo una batalla por romper normas heredadas que se inician en el interior de la mujer y que todavía continúan. El Feminismo de hoy constituye un conjunto de acciones individuales y espontaneas con las que cada mujer exige que se respete su libertad, su dignidad y sus derechos. Hoy el Feminismo no implica una ruptura con el hombre como ser humano sino una ruptura con la idea creada a través de la historia de que el varón es por definición superior a la mujer.

Sin embargo, en determinados aspectos es necesario seguir actuando en claves de discriminación positiva hacia la mujer porque la herencia genética y educacional es todavía pesada y abrumadora. Sin olvidar que el reto actual más importante, son las dramáticas situaciones que viven mujeres de diferentes países y culturas del mundo, comparable a los peores crímenes de lesa humanidad de la historia.

La solución definitiva está en la educación no sexista en la familia, en la escuela, en la sociedad, en las diferentes religiones. Este aprendizaje es trasversal, vital y empático. Su praxis es pura imitación de niños y niñas de sus mayores y de los “modelos” que la sociedad les pone por delante.

En definitiva hemos de tener en cuenta que la sociedad se construye entre hombres y mujeres y que los fundamentalismos son la fuerza de choque del negocio de unos pocos y que los hombres y las mujeres hemos de llegar juntos a la equidad y a la corresponsabilidad en todos los aspectos de la vida.

Rafi Jiménez. Coordinadora de Política por la Igualdad de Foro Ciudadano.

 

 

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