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Guadalcacín publica un libro homenaje a “Las Salvajes”, sus mujeres de teatro

El Teatro Municipal de Guadalcacín acogió anoche la presentación del libro “Las Salvajes. Mujeres de Teatro de Andalucía”, en un acto que se convirtió en un emotivo recorrido de la mano de sus protagonistas por las dos décadas de trayectoria del grupo teatral femenino guadalcacileño.

Una trayectoria singular porque, como explicaba su director, Julián Oslé, “lo que hemos hecho aquí no es normal” y “había que dejar constancia para la historia” de un grupo de personas, de mujeres de todas las edades, diversas, formadas y sin formación, que desde una pedanía andaluza consiguieron no sólo hacer teatro sino llevarlo más allá como una compañía con representaciones en lugares la geografía regional, porque “no se había hecho algo así desde los años 70 en Andalucía”.

El director, gestor cultural de la entidad local, narró cómo en 1997, a su llegada a Guadalcacín encontró en las mujeres del pueblo, especialmente en la asociación de mujeres “Las Rosas, el “cobijo” necesario para poner en marcha su intención de promover la animación sociocultural y llevarles su amor por el teatro con una primera apuesta “Lysistrata”, que era al mismo tiempo feminista, la primera muestra de teatro feminista de la historia, y también pacifista.

La alcaldesa, Nieves Mendoza, que tomó la palabra en primer lugar, aseguró haber visto siempre a este grupo diverso de mujeres “como una forma de reivindicarse” y reconoció su capacidad de trabajo y de trasladar el nombre de Guadalcacín a todas partes. Algo en lo que incidió el delegado de Cultura, Benjamín Guerrero, que reconoció a las mujeres de la compañía como “amigas desde hace michos años” y la trayectoria como “un aporte esencial para la igualdad y para la cultura en la entidad local”, de la que es una pieza-clave su director.

Las palabras de una de las componentes del grupo, Manuela Arcos Ruiz, Boli, que aseguro que “ninguna esperaba este homenaje” y recordó su deseo de “hacer las cosas bien por la responsabilidad del escenario del propio pueblo; dio paso a la emocionante narración que desde las butacas del público realizaron distintas componentes que compartieron recuerdos, dificultades y el “valor terapéutico del teatro”.

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